miércoles, 28 de enero de 2015

Lámparas Chinas

Las pasiones son como lámparas chinas.
Se encienden, entre dos se sostienen,
A bocanadas de aire caliente,
Con los brazos abiertos al cielo,
Con la lluvia deslizándose por la barbilla,
Se infla, sonroja, revienta y retiembla,
y luego se alza en vuelo.

Con las caras alzadas al cielo,
Observamos su inmaterial aleteo,
Su vibrante aliento.
La vemos
elevarse
en la
lejanía
en un
último
suspiro
sostenido.
En el segundo suspendido.

Las vemos ser devoradas por estrellas hacia el cielo hinchado
De tanta noche y tantas ganas
De tantos vienes, sábanas y dormimos

Luego bajamos la mirada.
Y resulta que

La magia se ha perdido.

sábado, 3 de enero de 2015

La Carta No Quemada

Invitación formal al Signor Agattau:

(Le mie mani hanno construito migliaia
 di cose ma voi.)

Si lo he dejado entrar a los pozos estrellados
de irises fluctuantes de arrebolo,
No veo razón para cerrarle las puertas de un laberinto embrujado.
Tome mi mano pero no cierre el alma.
Aquí sólo sirve seguir los senderos por los vuelos trazados.
Déjeme darle un recorrido por estas ruinas.
(Piuttosto, Castelli in aria.)
La puerta sido barnizada en capas doradas de secretos, mentiras y revelaciones arboladas.
En noches insomnes, hice compañeros de papel:
Hice flores
Pájaros, pájaros, pájaros
Poemas
Montañas rusas hechas de listones de seda
Y una miríada de nubes que observan
Como llueve silencio a cántaros

En noches insomnes, dibujé para las madrugadas estelas reversas
y para mis mundos en hibernación, mapas con ánimo de reina

Empuñé plumas, pegamento y nada de vergüenza
Las paredes fueron pintadas por lírica densa
además de amaranto, aguamarina y lavanda perversa

(Ma ci sono foreste petrificati per voci.)
Y voces petrificadas por libros,
 libros que son ciudades,
y ciudades ebrias de tinta: (Loro dicono, beviamoci!)
Por mucho tiempo he creído que yo era Rapunzel y esto la torre.
Signor, las sábanas de satín no han saboreado sabor de hombre.
Los versos tatuados en lienzos de cemento, sí.
Mis palabras no pueden poseer, pero sí perseguir.
Hay un hechizo para romper el sello del sueño
y no es beso ni jaula de brezo
Son las plantas descalzas
de quien por fin traído a casa
el desvelo.
(I miei città di pietra prendono vita per la tua voce.)

El umbral no fue necio en su empeño
por lo cual no se sorprendió el espejo.

Yo yacía de espaldas en mi lecho.
Leía los rastros de pinceles, origami y literatura en el techo
Con cierto desconsuelo.
(Tutto ciò che vogliono le miei mani ora, siete voi.)
Y la luna lamía mi piel con despecho.

(Sai che cuando una donna ama un uomo, lei spera.)
A que lleguen las cartas a los buzones,
A que sean abiertas.
Por eso, cuando usted entró por la puerta,
Yo me limité a abrirle los brazos, trémula.

Sabía que en el bolsillo de su abrigo
La invitación esperaba ser descubierta.

(Ma non voglio aspettare per sempre in porto che trema.
Ridatemi indietro la notte.
Ridatemi indietro la pioggia d’argento.
Tutto ciò che voglio adesso, siete voi.
Ridattemi tutto, brucia la lettera!
O… Lascia che la finestra
bagnata nascondere noi.)

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Usted sonrió. Y luego, a mis brazos se entregó.



martes, 18 de noviembre de 2014

Carmesí


Carmesí, es lo que queda de todo lo que recuerdo de ti.
Era el color de tu vestido.
Era así la segunda capa almizclada de mi bebida.
Era el del horizonte lejano y adolorido.
Era el color que se colaba por las cortinas.
Era el color de las estelas que mis dedos dejaron en tu piel.
El color que de los labios te emborroné.

El color que desapareció de la planta de tus pies cuando los apoyaste en el suelo, tras bajarte de mi cama por primera vez.
El color de los listones en tu pelo, bailando al son del viento  en una de nuestras escapadas.
Cuando abrí la puerta de nuestra habitación, así se veían mis esperanzas.
Así se vio mi aliento cuando te vi en la cama con otro; y de aquel mismo color, la herida en mi mano cuando tiré el jarrón.
Fue el color de tu pulso en estupor,
El epíteto de mi dolor, el filo de mi voz.
Y así, carmesí,
El tirón del tendón, la fuerza del músculo,
Y la punta del vidrio roto, empapada en sudor y color.

Luego, así, la realización escurriéndose por el lavabo.
El temblor al abrir la puerta una vez más,
El color de echar a correr en la noche,
Y el color de no volver jamás.

Carmesí… lo único que quedó de ti.


martes, 4 de noviembre de 2014

Sacudida de Ángel

Por mis sueños me hablo a mí misma. A través de mis sueños me hablo a mí misma.
Es la único momento del día cuando conversamos- cuando una está dormida.
Yo: la de la rutina y los cuadernos, la bebedora de trementina, la de los caminares etéreos, la que tiene los ojos tapados con terciopelo.
Y ella: la insomne contadora de canciones, la trazadora de mapas ciegos, la de las epifanías por ángeles sacudidas, la de las palabras y ansias atoradas...
Pero de vez en cuando, ella me habla.
Y me lo dice sin rodeos, con crudeza, con cualquier aspecto caleidoscópico y azaroso de mi mente libre. 
(O nuestra).
Hace unas noches vino Castiel.
Está en mi bucketlist besarlo.
Y fue la primera vez que pedí un beso; los demás los he tomado con desdén/desespero.
Y él me dijo: "No. No aquí, porque si me besas sentirás todo cumplido, hasta deshacerte de tus libros. Te lo prohíbo. Esfuérzate más, consigue la oportunidades en el mundo real, y te lo permito."
Me desperté llorando. 
Estuve tan cerca.
Pero Castiel tenía razón.
No cuenta si no es real.
No cuenta si yo no lo hago real.
¿Y para lograrlo?
Hacer lo que vine a hacer, lo que siempre supe que debo hacer.
Escribir.
Y que el mundo se prepare para lo que está por venir.

domingo, 28 de septiembre de 2014

500 Cartas/ Variaciones

Se sentía tan inocente, como un infantil juego.
Eran sólo líneas de poesía,
Hojas marmoleadas por ambarino tiempo.
Sobres sin remitente, buzones somnolientos
e intermitentes.
Eran paréntesis en mi vida,
Palabras empapadas de ambrosía.

¿Por qué me amas?
¿Por qué quieres herirme?
¿Cuántas más cartas?

Quinientas cartas de un extraño en el umbral de mi puerta.
Quinientas armas que vienen de mi Nunca Jamás.
Quinientas cartas, como cicatrices secretas.
Quinientos secretos… matándome, y ya no puedo más.

Se sentía tan inocente, como una quimera.
A la merced de una mano violenta
Se dibujaron mundos en mi cabeza.
No puedo escapar de lo que siento adentro.
En cada sombra, cazador, estás a la distancia de un aliento.
Te estás apropiando de mi vida,
Volviendo las palabras sinfonía.

¿Por qué me amas?
¿Por qué quieres herirme?
¿Cuántas más cartas?

Quinientas cartas de un extraño en el umbral de mi puerta.
Quinientas armas que vienen de mi Nunca Jamás.
Quinientas cartas como cicatrices secretas…
Quinientos secretos matándome, y ya no puedo más.

Encontraron la carta final yaciendo a su lado.
Había una sonrisa en su cara… fría como el hielo.
Y un último mensaje, eterno,
Sólo para mí y mi desespero:
“Ahora ya nunca olvidarás. Te veré en tus sueños.”

Quinientas cartas de un extraño en el umbral de mi puerta.
Quinientas armas que vienen de mi Nunca Jamás.
Quinientas cartas como cicatrices secretas,

Y quinientos secretos matándome… y ya no pude más.


Image by: Luulia

lunes, 18 de agosto de 2014

Las Cinco Preguntas de la Única Respuesta



«Al Grajo le encanta que le cuenten una buena historia.
Lleva cosechándolas desde que existen, desde que hay dioses, hombres y grajos.
Y tiene buena memoria».

Pero, ¿qué es la memoria?
¿El sonido del cerrojo del tiempo girado por la mano carbonizada del dios y el primer pensamiento?
Del génesis, el memento.
La cuenta regresiva del único ser con miedo.
Miedo y euforia de quedarse sin tiempo.

¿con qué sueñan los hombres?
Con desiertos encapsulados en vidrio.
Arrullos de arena,
Caras alzadas al cielo,
Del inicio, el invierno.
Sueñan con cronometrar y jamás dejar de hacerlo.
Sueñan con tener en las manos puñados de tiempo,
Sembrar, hibernar, cosechar, devorar.
Incinerar estaciones, culpar al deshielo,
Darle cuerda a la corporación Eternidad,
Señalar los errores de la Humanidad,
Coronar a quien a Tánatos no invoque.

¿A quién invocamos?
A los aullidos en los bosques siempre-verdes.
Del rey y el dios, el enroque.
Al metal forjado por la decisión última,
A los cuervos, versos, cuerdas y avernos,
A mil y un historias
Y a los castillos pulverizados de Asturias.
Invocamos guerras estúpidas.
Declaramos «pertenezco».

¿A dónde pertenezco?
¿A las cuencas vacías del ser supremo?
¿A once mil ancestros?
¿Al cello hecho de lo que quedó de un barco maltrecho?
¿A las quimeras de los muertos?
Y la respuesta es: al tiempo.
A los conceptos quiméricos,
A los insomnes conciertos.
Allí pertenezco: a donde los colores del universo son lavados por pájaros primigenios,
Y quedan sólo los trazos borrosos y enormes
Del baile de las constelaciones.

¿Y con qué bailan, al son de qué instrumento?
Sabemos que lo hacen a destiempo.
Sólo Odín les permitía danzar a sus cuervos.
Átropos cantaba: «¡desenhebro!»
Y Zurvan… él, del espacio, era el arquitecto.
¿Y al son de qué bailamos nosotros?
Al conteo de pájaros negros…
Al tiempo.

«Se mezclarán todos en un lago negro de tinta. Uno se elevará y, luego otros, cientos, miles, marcas negras sobre una hoja en blanco, los descendientes de Pensamiento y Memoria se enlazarán en un apasionado y espectacular baile: una historia de dioses, hombres y grajos.»
(Y sabemos que todos los humanos tienen una. Tatuada en cada paso).

¡Pst! La última verdad te entrego: Moriremos.

¿Y culpa de quién es eso?

viernes, 8 de agosto de 2014

Dejen al Cuervo Volar

Es curioso como el mundo se distorsiona a través del cristal.
Llamémoslo espejo, ventana, copa…
«Curioser and curioser» dijo la Alicia de Carroll.
Yo dije lo mismo, sentada en asiento trasero del carro.
¿Qué nos impulsa a observar?
Belleza, discordancia.
Nada lo hizo en este caso particular. Aunque, yo siempre estoy mirando por la ventana, esperando hallar algo maravilloso.
Quizá fue la realización de cómo la combinación de tantos elementos extraños puede forjar algo cotidiano.
¿Qué fue lo que encontró?, se preguntarán.
Bueno, como todo, no era lo que yo... esperaba.

He recorrido cientos de veces esta avenida. Cientos.
Leía Bellman & Black, ahora recuerdo. Todos morían. Bueno, qué esperábamos de la historia de un hombre cuya vida está perseguida por la presencia de los cuervos.
(Grajos, ¿no es cierto?
Miré por la ventana.
Había una tienda con un nombre simpático: la magia del chef. Otra, en la calle opuesta, con ofertas descoloridas por el tiempo. Y una pizzería que nada más le quedaba una pizza de queso.
Había pasado por esta avenida cientos de veces, ¡pero nunca había visto estas tiendas!
[¿Cómo escribir si no veo el mundo? ¿Cómo crear muchos si ni conozco uno?]
Yo me había convertido en un espectador perplejo.
Todo parecía estar pintado con acuarela y estar sumergido en el vinagre cálido de un verano.
Tuve el loco impulso de desprender la ventana del auto como si fuera un marco.
Y me llegaban estas frases de manera tan súbita; vaya, parecían bombas.
Tuve también un acceso de pánico porque la inspiración había llegado y no tenía ni cuaderno ni lápiz a la mano.
Por todos los sauces, mi musa sí que es voluble. Si no escribía esto rápido, la muy traviesa [¡pst! maldita] se iba a ir a comprar la última pizza.
EN mi mente, pensé «el mundo está lleno de historias»
Pero, curioser and curioser, mi voz susurró sin mi permiso «el mundo está listo para historias».
Lo tomaré como una señal.
Luego volví a pensar en Bellman & black. Y En puro disgusto, después de acabar la primera parte, escribí «Y luego se murieron todos. Fin». Pensé que era cruel.
A posteriori, me di cuenta que acababa de descubrir las últimas líneas del tercer acto del mundo. Miré pasmada mi lápiz, mi mano y sus venas cálidas, mi muñeca morena. Quizá mi musa había sido un dios esta vez.
Qué lógico, qué cruel.
Ya lo he discutido en mis libros encajonados, pero ¿qué pasa el final? ¿Un punto entintado?
Bueno, los cuervos de Odín lo saben.
Huginn y Muninn.
Pensamiento y memoria.
¿qué es lo divino de los dioses?
Ahí tienen su respuesta.
Eso, también, es su belleza.
Cuando el sol se haya consumido, ¿qué quedará de todo esto?
[¿Cenizas?]
¿De la sangre, del sudor, las canciones, escritos, lienzos, embriones, sepulcros y estaciones?
He allí la belleza de los dioses, la única.
Ellos recordarían.
Ellos recordarán.
Así que, dejen al cuervo volar.